Os invito a que realicéis esta práctica y estas reflexiones en la naturaleza para conectar con el fluir de la vida. Siguiendo estos sencillos pasos, ábrete a una nueva experiencia.

1º Vamos a encontrar un paraje natural en el que podamos permanecer durante unos momentos en tranquilidad y en soledad.

Podemos ir cerrando los ojos y, por unos instantes, podemos realizar varias respiraciones profundas y conscientes. A continuación, vamos a llevar nuestra atención a la respiración, sintiendo cómo el aire entra y cómo el aire sale de nuestro cuerpo. Quizás podamos percibir los movimientos que se producen en nuestro cuerpo al respirar y dejarnos mecer por ellos en esa observación atenta y consciente.

A continuación, podemos llevar nuestra atención a los sonidos y percibir los sonidos que llegan hasta nosotros y nosotras desde ese espacio natural. Pueden ser sonidos nítidos y a veces sonidos sutiles, que de encontrarnos en otro estado, no llegaríamos a percibir. Vamos a permanecer en silencio y en quietud observando esos sonidos, quizás sintiéndonos parte de ese mismo espacio. Si nuestra mente se dispersa, con amabilidad, llevamos de nuevo nuestra atención a los sonidos. Tras unos momentos, podemos realizar tres respiraciones profundas y conscientes.

2º Ahora, vamos a abrir los ojos, con suavidad, sin prisa. Y vamos a llevar nuestra mirada al entorno que nos rodea.

Observaremos con curiosidad, con amabilidad, todo lo que nos rodea, hasta donde alcance nuestra vista. Os invito a mirar la belleza de la naturaleza, sea donde sea que nos encontremos. Podemos percibir sus colores, sus formas… incluso puede llegarnos algún olor. En ese mirar desde un espacio de consciencia amplificado, os invito a que podamos ir más allá de la mera vista y conectar con el fluir de la propia naturaleza.

En la naturaleza, la vida fluye. Todo encuentra su espacio y su lugar. Podemos conectar con el fluir de la vida a través de los árboles, la hierba, los pájaros, los insectos, los arbustos, el agua, el viento, la tierra o el sol… ¿Qué sientes cuando observas ese ciclo natural de la vida, en ese perfecto fluir? En ese espacio no hay lucha, no hay resistencia, no hay esfuerzo… hay fluidez. Ese fluir mismo nos conecta también con la impermanencia. Nada permanece por siempre. La naturaleza es un ejemplo vivo del cambio, de la regeneración.

A veces en nuestra vida, en contraposición, podemos darnos cuenta de que luchamos o nos resistimos contra nuestra realidad. También podemos estar esforzándonos o empeñándonos por llegar a algún sitio determinado o para conseguir algo… sin medir las consecuencias. Y lo hacemos con tanto ahínco, con tanto empeño, que podemos perdernos en el camino, llegando a sentir frustración y agotamiento por ello.

Quizás permanecemos de forma constante en el “modo hacer”, agotándonos física, mental y emocionalmente… ¿Pero cómo sería poder parar?.

¿Cómo sería, aunque fuera por unos momentos, dejar de “empujar” la vida? ¿Pasar del “modo hacer” al “modo ser”? Dejar de luchar, dejar de resistirse, dejar de esforzarse, dejar de moverse… y simplemente parar. Por unos momentos, invitarnos a experimentar la naturaleza del ser… conectar con que durante unos minutos, no hay nada especial que hacer, no hay ningún sitio al que ir, no hay nada que conseguir… Tan sólo respirar, experimentar el fluir de la vida a través de nuestro interior… sentir la plenitud que ya somos ahora mismo.

En ese observar la naturaleza, podemos hacer nuestro el fluir de la vida misma.  Aunque sólo sea por unos momentos, paramos y conectamos con el fluir del ser. Y desde allí, observamos cómo nos sentimos…. ¿Cómo te sientes cuando no haces nada en particular? ¿Cómo te sientes cuando no tienes que luchar? ¿Cómo te sientes cuando dejas de apretar el acelerador?… Quizás podamos sentir liberación, descanso… paz… ¿Qué sientes tú?.

En ese espacio del “no hacer” podemos recuperar el equilibrio o la calma y también la perspectiva sobre las cosas o las situaciones.

Curiosamente, en esos momentos de silencio y de conexión con el fluir de la vida, podemos recargarnos de energía y vitalidad para continuar hacia adelante en nuestros propios caminos.

Tan importante es saber “empujar” como saber “parar”. En ese equilibrio está la clave.

Os invito a que mientras contempléis la naturaleza, conectéis con esta experiencia, con este sentir. Y os dejéis llevar.

3º A continuación, mientras seguimos observando la naturaleza, podemos realizar otra reflexión.

A nuestros ojos, ¿la naturaleza es perfecta o no? Desde el lugar en que te encuentras contemplándola, ¿la naturaleza es perfecta o no?…. Probablemente la respuesta sea que sí.

Cuando estamos en la naturaleza, casi siempre conectamos con su perfección, con su belleza, con su armonía, con su energía… ¿Y esto por qué es así?. Gran pregunta. Porque en esos momentos no hay juicio, ni crítica… desde nuestros ojos embelesados que contemplan semejante maravilla, no juzgamos que un árbol sea más grande que el otro, o que una rama esté torcida… o que el color de un arbusto sea más oscuro que el del otro…. o que esa piedra esté en medio del sendero y lo afee… no hay juicio, no hay crítica… hay aceptación de lo que existe, tal y como es… por eso nos parece bella y perfecta…

Pero podemos ir más allá y tomar consciencia de que la naturaleza es perfecta dentro de su imperfección…

Te invito a que lo observes y lo sientas.

Y así como podemos darnos cuenta de ello, podemos también hacer nuestra esa consciencia. Cada uno de nosotros y de nosotras, somos perfectos y perfectas, dentro de nuestra imperfección. Nos pasamos la vida queriendo ser otra persona diferente, con otro cuerpo o con otra forma de ser… poniendo más énfasis en lo que nos falta o en lo que no somos, que en la grandeza que ya habita en nuestro interior. No se trata de no querer crecer, mejorar o desarrollarnos más… se trata de contemplarnos como un todo… como un ser completo… con sus luces y sus sombras… con sus fortalezas y sus debilidades… siendo conscientes de la perfección que somos dentro de nuestra propia imperfección.

Sólo desde esa aceptación plena es posible el cambio y el crecimiento… y también la plenitud y la felicidad. Nuevamente, fluimos en ello con la vida.

Podemos ya para acabar esta experiencia en la naturaleza cerrar de nuevo los ojos y durante unos minutos simplemente respirar profunda y conscientemente…. habitando en el silencio, habitando en la quietud del momento presente.

Somos un ser en comunión con el todo.

 

Te deseo que todo te vaya muy bien y tengas mucha salud.

Mª Pilar Biota

 

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