Vivimos en un mundo de consumo masivo y publicidad persuasiva, donde es fácil llenar nuestros espacios hogar con cosas que no necesitamos, no utilizamos o que incluso no deseamos tener realmente.

Además, nuestro ritmo frenético de vida se nos apodera a veces y la falta de tiempo hace que descuidemos el orden de los espacios en los que vivimos, ya que hay temas que consideramos que son más “importantes”.

Antes de que nos demos cuenta, nuestro escritorio está lleno de papeles, nuestros armarios se desbordan, depositamos cosas por el suelo o encima de las sillas y en el trastero casi no se puede ni entrar… ¿te suena?. El desorden llama al desorden.

¿Pero sabemos realmente cómo afecta ese desorden externo a nuestro estado interior? ¿Somos conscientes de cómo nos sentimos ante ese desorden?

Aplicar la atención plena tanto a esta toma de consciencia, como al proceso de restablecer el orden en nuestros espacios resulta muy revelador.

 

Lo que el desorden puede provocar 

Tener espacios desordenados como una casa, un despacho o un garaje, nos puede provocar estrés, angustia, ansiedad, falta de concentración e incluso problemas de sueño.

Podemos llegar a sentirnos superados, superadas por el desorden y fuera de control.

El desorden externo influye en nuestro estado interior, fomentando emociones y sentimientos desadaptativos.

A veces, sin ser conscientes, el caos externo refleja un desorden interno y se produce cuando acumulamos sentimientos como tristeza, miedo, desánimo, angustia o frustración. Podríamos decir que es como entrar en bucle. Partamos de donde partamos, ambos desordenes, el externo y el interno se retroalimentan.

Tener nuestro hogar desordenado, nos puede producir estrés y angustia. Y ese estrés o angustia puede no favorecer que restablezcamos el orden. Del mismo modo, podemos estar pasando por un mal momento personal o anímico que hace que descuidemos la organización de nuestro hogar y el caos total cada vez se hace más cuesta arriba.

Es importante puntualizar que, al hablar de orden, consideramos un “término medio”. Nos referimos a un espacio ordenado, que pueda encontrarse dentro de un rango de más o menos orden considerando la influencia de diversos factores como el número de personas que convivan en ella; si hay niños pequeños; si todos los miembros trabajan fuera o se trabaja en casa, si hay animales de compañía… Cuando hablamos de orden, no nos referimos al extremo de la perfección.

La intensidad de las emociones y los sentimientos que provoca el desorden van a depender también de cada individuo. Por ello, una toma de consciencia importante es observar lo que para mí en particular resulta un desorden que no “molesta”, o por el contrario se trata de un desorden que sí que me genera emociones y sentimientos desadaptativos, aunque a primera vista no los perciba.

 

Antes de poner orden – STOP

Cuando nos demos cuenta de que el desorden se ha adueñado de nuestros espacios, lo que primero que tenemos que hacer es “parar”. Parar y mirar hacia nuestro interior para tomar consciencia de cómo estamos y reflexionemos sobre el porqué de ese desorden.

Puede deberse a diversas causas: falta de tiempo, bloqueos a algún nivel, ser un reflejo de nuestro estado de ánimo. Esta reflexión es importante porque arrojará luz al problema y podremos tomar decisiones para encaminar la situación, si es posible

 

Qué te aporta ordenar tu espacio físico

Son muchos los expertos en el tema que manifiestan los grandes beneficios de mantener ordenados los espacios en los que vivimos. El orden externo promueve una mayor calma interior para ti.

De hecho, Marie Kondo, autora del bestseller mundial “La magia del orden”, afirma que una casa ordenada es el primer paso hacia la felicidad.

Gretchen Rubin, experta en felicidad y hábitos y autora del betseller “Outer Order, Inner Calm” explica que el mantener un hogar ordenado es muy importante para el propio bienestar y que el orden de tu entorno externo puede tener un impacto mayor en tu paz interior de lo que piensas. El desorden se interpone en el camino de tu felicidad.

Mantener nuestros espacios organizados y ordenados nos ayudará no sólo a vivir en entornos cómodos y agradables, sino también a restablecer un orden interior.

Vamos a considerar los siguientes puntos al respecto:

 

1.- Ordenar y limpiar nuestras cosas y tomar el control de nuestras posesiones puede darnos una sensación de control en otras áreas de la vida

Si tenemos una sensación de desesperanza o de bloqueo, quizás al arreglar el desorden o al tirar lo que está roto o no utilicemos, esa sensación es reemplazada por una sensación de renovación, de control y de esperanza. Esto puede llevarnos a una reflexión sobre otras áreas de nuestra vida, abriéndonos a nuevas posibilidades: ¿qué es lo que quiero cambiar en mis relaciones?, ¿de qué me tengo que deshacer en mi trabajo?, ¿qué estilo de vida quiero?, ¿qué quiero comprar realmente?, ¿de qué o de quién me quiero rodear?.

 

2.- Poner en orden su mundo externo también significa priorizar el aquí y el ahora, así como abrirse hacia el futuro

Quizás observamos que nuestra casa está abarrotada de juguetes o peluches con los que jugaban cuando eran niños nuestros hijos, que ahora ya están independizados. O quizás conservamos cosas relacionadas con un trabajo anterior o con nuestra vida laboral cuando ya estamos en la jubilación. Darnos cuenta de ello nos puede ayudar a reflexionar sobre cómo es nuestra familia ahora, o nuestra vida en la etapa actual, y no como era hace varios años. Y podremos hacer los ajustes oportunos.

Poner orden en nuestro caos diario contribuye a producir otros importantes cambios en nuestra vida.

Se trata de vivir una vida presente, que implica tanto estar pendiente del orden del espacio, como mirar hacia dentro, ordenando nuestra mente.

 

3.- Relación entre orden y pensamiento positivo

Es absolutamente cierto que existe una correlación entre el orden y la creación de pensamientos agradables. Mientras te organizas, ya sea como impulso o si es premeditado, reflexiona sobre lo que te hace feliz, lo que te preocupa y lo que te molesta. Lo que te drena o lo que te expande.

Sin darnos cuenta, acumulamos recuerdos del pasado, algunos perjudiciales para nuestro desarrollo personal. Y también vivimos pensando en el futuro, acumulando objetos “por si acaso”, cuando quizás esa visión de futuro que proyectamos sea ahora mismo improbable.

Cuando estés llenando bolsas con cosas inútiles, te darás cuenta de todo lo que no es importante en tu vida y de cómo te sientes cuando prescindes de ello. Quizás algún objeto que arrojas se corresponderse con alguna experiencia en tu vida que no quieres conservar, una etapa de la que quieres pasar página. Sin darte cuenta, poco a poco estás aligerando tu equipaje interior.

A la hora de conservar objetos, elige los que te aporten recuerdos positivos. Podemos tener posesiones pequeñas pero valiosas. Cosas que tengan un propósito y un significado especial.

El orden y el desapego por los elementos inútiles nos ayuda también a sentirnos más libres.

Poner tu mente en orden te ayuda a sanar tu dolor y a desprenderte de lo innecesario.

 

4.- Otros beneficios del orden

El orden te puede ofrecer otros beneficios como: ser más eficaz (el saber dónde tienes cada cosa te permitirá ganar tiempo en tu vida y tranquilidad), ahorrar dinero (evitarás comprar cosas que ya tenías, pero no sabías dónde o hacer compras innecesarias o que realmente no quieres), disfruta de la paz visual (cuando abres un cajón o un armario ordenado o un salón recogido).

Un entorno limpio, ordenado y bien iluminado puede proporcionar una gran sensación de bienestar y comodidad.

 

El vínculo entre el orden y los nuevos ciclos

A menudo, la sensación de querer comenzar a ordenar nuestro espacio físico aparece cuando comienza un nuevo ciclo en nuestras vidas:

  • Cuando empezamos el año
  • En los cambios de estaciones
  • Cuando volvemos de vacaciones
  • Después de nuestro cumpleaños
  • Cuando empezamos un nuevo trabajo
  • Cuando nos mudamos a una nueva casa o ciudad

Estos son quizás los momentos más comunes en los que decidimos cambiar nuestro entorno. Entonces podemos pasar página y comenzar un nuevo capítulo con nuestro cronómetro a cero. Esto ocurre cuando ponemos las cosas en su lugar deshaciéndonos de lo que consideramos inútil y reubicamos lo que queremos conservar. No solo hemos puesto orden en nuestro espacio físico, también hemos ordenado nuestro «armario mental».

 

La técnica del “Danshari”

En este artículo ya se han comentado dos reconocidas autoras con métodos para practicar el orden en nuestros espacios. Una técnica más a nuestro alcance es el “Danshari”. Hideko Yamashita dio a conocer el Danshari a través de su libro “El arte de tirar”. Esta técnica nos impulsa a buscar la paz interior, la armonía de nuestra mente a través del orden, la sencillez y la descongestión de los espacios que nos rodean.

Se basa en tres principios básicos:

  • dan = rechazar o no comprar las cosas innecesarias. Antes de adquirir algo nuevo o de aceptar un regalo, conscientemente podemos preguntarnos: ¿Es absolutamente necesario?. Esto me ayudará a no “cargarme” con objetos que no quiero ni necesito.
  • sha = deshacerse de las cosas inútiles que poseemos. Esto implica una mirada sincera hacia dentro para poder darnos cuenta de los objetos que realmente no son útiles o importantes para nosotros, nosotras en estos momentos de la vida o de aquellos que no utilicemos. También podemos preguntarnos: Este objeto que tengo, ¿me provoca sentimientos de felicidad o en cambio, me agobia? Si es esto último, es hora de deshacernos de él. Los podemos tirar, quemar, donar…
  • ri = eliminar el deseo insano por las cosas innecesarias. Sentirse apegado a las posesiones forma parte de la naturaleza humana. Creemos que las “cosas” que poseemos nos definen como personas y nos identifican. El Danshari nos insta a cortar esos lazos arraigados y aprender a vernos a nosotros mismos y nosotras mismas como entidades separadas más allá de los bienes que hayamos ido adquiriendo. Desapegarnos del materialismo desbocado.

 

¿Y por dónde podemos empezar a poner orden?

Seguro que si miramos con atención nuestros espacios físicos identificamos rápidamente puntos de mejora. Porque somos quienes mejor sabemos que es lo que nos remueve por dentro cuando lo vemos desordenado. A veces, puede que decidamos incorporar hábitos diarios más beneficios.

Algunos puntos “rojos” serían: los cajones de todas las estancias (del baño, cocina, dormitorios, despensa); los armarios (especialmente donde haya ropa); el recibidor; la encimera de la cocina; librerías y estanterías. No olvides hacer la cama, volver a casa y verla hecha, aporta paz mental.

En definitiva, la transformación exterior del entorno que nos rodea, influye en la transformación de nuestro interior. Abrazar la intención de poder orden en lo que nos rodea y eliminar lo innecesario, nos ayudará a ser más libres y a encontrar nuestro propio equilibrio interior.

La práctica de la atención plena o mindfulness nos ayuda enormemente en este proceso, ya que al hacerlo nos abrimos a observar nuestro mundo interior y exterior con curiosidad, con valentía, con aceptación, sin juicio y sin crítica, desde un enfoque amable de confianza y seguridad. Ordenamos y organizamos escuchando a nuestro corazón y lo recomendable es que lo hagamos en silencio, apagando todo lo “externo”.

Limpiar y ordenar por fuera es hacerlo por dentro. Al igual que organizamos los espacios físicos, tomamos la decisión de mantener limpia nuestra cabeza de pensamientos negativos o limitantes. Dejamos ir todo aquello que no nos resulta útil, eficaz ni beneficioso.

Poder limpiar y ordenar con atención plena es ya de por sí una práctica informal de mindfulness en la vida diaria. ¡Pruébala!

 

Te deseo que todo te vaya muy bien y tengas mucha salud.

Mª Pilar Biota

 

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