Para el Mindfulness o Atención Plena el autocuidado es clave. Cuando hablamos de la salud, el bienestar, la felicidad y el rendimiento personal o profesional no podemos perder de vista el cuidado personal.

El cuidado personal implica darse cuenta de que nuestras necesidades importan y que podemos valientemente mirar hacia nuestro interior para preguntarnos qué necesitamos y escuchar una respuesta honesta.

Asegurarnos de que se satisfagan nuestras propias necesidades es tan importante como cuidar a quienes más amamos. Sólo desde un estado de equilibrio y bienestar, podemos alcanzar nuestro máximo potencial y beneficiar con ello a las personas que nos rodean; ya sean familiares, amigos, empleados o compañeros de trabajo.

El autocuidado es la práctica de asumir un papel activo en la protección de nuestro propio bienestar, en la búsqueda de la felicidad y en tener la capacidad, las herramientas y los recursos para responder a los períodos de estrés o de dificultades, de modo que no generen un desequilibrio y conduzcan a una crisis de salud.

Se trata de practicar el autocuidado como medida de prevención; antes de encontramos al borde del precipicio y del agotamiento extremo a nivel físico, mental o emocional.

El cuidado personal implica que las personas pongan su salud y bienestar en primer lugar sin sentirse culpables por hacerlo.

Practicar el autocuidado puede ser algo tan simple como tomar consciencia de nuestro estado y decidir que nos vamos a la cama más temprano tras un día de mucho trabajo, o tan difícil como darse cuenta de algunos hábitos que hemos creado para nosotros mismos o nosotras mismas y los efectos que tendrán en nuestra vida a largo plazo.

Dentro de la práctica del autocuidado podemos empezar preparando un Plan de Cuidado Personal para Emergencias. Lo realizaremos cuando nos encontremos en un momento de serenidad y no de crisis. Un momento en el que podamos reflexionar sobre lo que podemos necesitar (y a lo que tenemos acceso) en nuestros peores momentos. Sólo cada uno de nosotros y de nosotras sabe lo intensos que pueden llegar a ser nuestros niveles de estrés, de agotamiento, de preocupación, de desánimo y qué recursos están a nuestra disposición en esos momentos.

Vamos a escribir las actividades o estrategias a las que podemos recurrir, que sean auténticas, accesibles y que contribuyan a nuestro bienestar. Algunos ejemplos pueden ser pasar tiempo con amigos, hacer una llamada a una persona de apoyo, estar activo, practicar mindfulness, dar un paseo por un parque, tomar un baño, escuchar música relajante, leer algún libro inspirador, hacer deporte… Podemos elegir aquello que más nos llene, anime, reconforte o equilibre en esos momentos difíciles, que en algún momento experimentaremos. Cada persona sabe lo que le sirve y lo que no. Por eso es un plan personal y único.

Nuestro plan de autocuidado es una hoja de ruta. Nos ayuda a mantener el rumbo. Elimina las conjeturas sobre qué hacer y dónde acudir en momentos de crisis. Desde el punto de vista de la atención plena, nos ayuda a responder en lugar de reaccionar a una determinada situación. Podemos sentir que tenemos cierto control sobre las circunstancias.

Se trata de prestar atención, tomar consciencia y reconocer cuándo necesitamos el cuidado personal. Y luego, responder a esa necesidad. A veces, tomarse un tiempo para el cuidado personal puede afectar las vidas de quienes nos rodean (por ejemplo, quizás necesitemos tomarnos un día de vacaciones en el trabajo o pedirle a alguien que cuide a nuestros hijos).

Es importante hacer partícipe a nuestro entorno de que estamos respondiendo a una necesidad personal. Antes de que colapsemos o estallemos y perdamos el equilibrio y quizás nuestra salud, necesitamos escuchar y atender al piloto rojo que se ha encendido en nuestro cuerpo o en nuestra mente. A veces, tenemos la tendencia a pensar que podemos con todo y otras nos negamos a escuchar las señales de alarma de nuestro propio sistema. Pero el precio que pagaremos si no atendemos a nuestras propias necesidades puede ser muy alto y tener un impacto mayor en nuestras vidas que el que supone el detenernos, atendernos y recuperarnos antes de continuar con el ritmo acelerado de nuestra existencia.

Cuando sea necesario, debemos pedir ayudar. No sentirnos culpables por reconocer y trasmitir nuestra propia debilidad y nuestras necesidades a cubrir. Esto, por lo contrario, es un signo de fortaleza.

Todas las personas, en un momento o en otro, necesitamos parar y dar un paso atrás. Necesitamos un momento de tranquilidad para encontrar claridad mental y espiritual. Un momento para recargar fuerzas y energía, antes de seguir hacia adelante con renovado espíritu. Además de en un momento de crisis o de estrés elevado, cualquier momento es idóneo para parar, respirar lenta y profundamente y preguntarse… ¿Qué necesito en este momento?. Y en ese espacio de silencio, nos abrimos a escuchar una respuesta.

Al hablar del autocuidado podemos considerar cinco áreas: social, físico, emocional, mental y espiritual.

La práctica del mindfulness nos ayuda muchísimo en este autocuidado. Entre otros beneficios, equilibra nuestro sistema nervioso, proporcionándonos calma, claridad y visión. Fortalece nuestro sistema inmunológico. Favorece un descanso reparador, necesario para recuperar energía. Y desarrolla nuestra resiliencia, que es una capacidad indispensable en los momentos de crisis, cambios e incertidumbre. En los momentos actuales, resulta imprescindible practicar mindfulness. No dejes pasar la oportunidad de realizar prácticas cortas de forma regular (de forma individual o en grupo) y de observar la salud y el bienestar que te proporciona.

 

Sugerencias de prácticas de cuidado personal durante la pandemia

 

Durante estos meses, muchas personas estamos en la cuerda floja a nivel físico, mental o emocional. Sosteniendo a veces un equilibrio muy frágil. Aquí proponemos algunas prácticas fáciles para implementar en el día a día.

Además del autocuidado físico a través de la desinfección, el lavado de manos, el uso de la mascarilla o la distancia social, podemos tener en cuenta las mejores formas para cuidar nuestro cuerpo, mente y espíritu en estos tiempos. Se trata de cuidar de uno mismo o de una misma, de ponernos esa proverbial máscara de oxígeno antes de atender a nuestra familia, nuestros amigos, nuestros empleados, nuestros compañeros o nuestra comunidad.

 

Inicia o continúa con tu práctica de mindfulness habitual

A veces es fácil que las obligaciones nos superen y creamos que no tenemos tiempo para practicar. Pero encontrar al menos diez minutos al día es muy importante. Ahora más que nunca, resulta indispensable y podemos acabar con la excusa de que «no tengo tiempo», sólo se necesita ser disciplinado. ¡Se notan tantos beneficios cuando lo haces!.

 

Mantén el contacto físico o virtual con las personas que te importan

Quizás no podemos estar con quien realmente nos gustaría estar y todo el tiempo que querríamos. Nuestras costumbres se han alterado significativamente por motivo de las restricciones a las que estamos sometidos. Pero aún así, podemos hacer lo posible para mantener los vínculos y la conexión con esas personas, o grupos. Podemos hacerlo en persona cuando sea posible, o a través del teléfono, el WhatsApp, las videoconferencias, los correos electrónicos. Normalmente las personas necesitamos una red social de apoyo. Personas que nos nutran, nos inspiren, nos quieran o nos acompañen. Podemos también aprovechar estos momentos para agradecer a estas personas su presencia en nuestras vidas y trasmitirles lo que para nosotros y nosotras supone que estén ahí a nuestro lado.

 

Sal al aire libre

Si vives en un lugar donde hay parques o un río y puedes pasear por ellos, no desperdicies esta oportunidad. Especialmente este año que nos hemos visto privados de esa posibilidad durante un tiempo, salir al aire libre y moverse durante media hora o una hora marca una importante diferencia para nuestro estado físico y anímico. Necesitamos el contacto directo diario con el aire, los árboles, el viento (o el cierzo), el sol o la lluvia… todo es una oportunidad para conectar con sentirse vivo o viva y saborear el momento presente.

 

Permítete sentir y gestionar las emociones

A veces vamos a sentir inevitablemente tristeza, frustración, desánimo, miedo o inseguridad… y es normal. Pero en vez de reprimir nuestras emociones o esconderlas y ponernos la máscara de “soy feliz” y “todo va bien” ante nosotros, nosotras o ante el mundo, vamos a mirar hacia dentro y a darnos permiso para sentir estas emociones por completo y volvernos hacia nuestro sufrimiento e incluso llorar.  La práctica del mindfulness nos ayudará a liberar cualquier dolor o tensión y a ver el sol a través de las nubes una vez más. Se trata de gestionar las emociones difíciles sin reprimirlas y sin actuar de forma impulsiva. Gestionarlas sin dejarnos atrapar por ellas y sin rumiarlas, pero aceptando su presencia y su mensaje.

Reprimir o negar nuestras emociones tiene serias consecuencias en nuestra salud y bienestar. Los expertos nos hablan de cómo el cuerpo retiene los sentimientos reprimidos. La supresión se mantiene en el cuerpo y crea una serie de efectos posteriores que incluyen ansiedad, depresión, enfermedades relacionadas con el estrés, hasta el abuso de sustancias y el suicidio.

 

Limita la frecuencia y los medios con los que accedes a las noticias y la información

Quizás no seamos conscientes de cómo nos sentimos cuando vemos las noticias o escuchamos a ciertas personas hablar. Es importante observar con atención en esos momentos cómo las noticias te afectan: física, mental y emocionalmente. Esto probablemente nos llevará a limitar durante unos minutos al día la “ingesta” de noticias o de información y a filtrar más los medios a través de los cuales las recibimos. También es conveniente no hacerlo antes de irnos a dormir.

 

Servir a los demás sin agotarte

Probablemente tengamos obligaciones personales: hijos a los que atender, pareja, padres, amigos, conocidos o incluso una comunidad… que en un momento dado requieran nuestra atención y cuidados. De forma innata nos puede salir el ayudar a los demás y volcarnos en ellos. Puede ser algo que disfrutemos, que nos haga sentir bien y dé un sentido a nuestra vida. Sin embargo, no podemos dejar de lado a la persona más importante: nosotros mismos o nosotras mismas. No podemos “perdernos” cuidando y ayudando a los demás, porque a la larga, será como un fuego que se agota y ya no da más de sí.

 

Este listado lo podemos completar con nuestras propias sugerencias. Nos puede también servir para elaborar nuestros propio Plan de Cuidado Personal para emergencias. Elijamos ser nuestro mejor aliado o aliada y estar ahí para nosotros y nosotras. Porque nos merecemos tener salud y bienestar, ahora más que nunca.

Te deseo que todo te vaya muy bien y tengas mucha salud.

Mª Pilar Biota

 

¿Quieres aprender a practicar Mindfulness? Puedes consultar nuestras próximas actividades aquí.  En el mes de enero, empiezan unos Cursos de Mindfulness para el Bienestar y la Resiliencia, que se ofrecen en modalida presencial o en modalidad online en directo, en horario de mañanas o de tardes.

También puedes consultar los servicios y formaciones que ofrecemos aquí.

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